En lo profundo siempre lo he sabido
Que estaba destinado a hacer algo grande en mi vida. A pesar de mi búsqueda y de los muchos caminos que he recorrido, nunca tuve la sensación de haber alcanzado plenamente mi destino. A menudo me preguntaba: "¿Esto es todo?" Cada vez que un capítulo de mi vida llegaba a su fin, comenzaba un nuevo capítulo con nuevos retos y oportunidades.
Lo que he descubierto es que una constante vuelve siempre en todas estas fases: mi deseo de compartir. Compartir quién soy, compartir lo que he aprendido y, sobre todo: poder ser quien realmente soy. Para poder hacerlo, he tenido que aprender a abrazar todo lo que he vivido. Atesoro las experiencias positivas, pero también los momentos de miedo, rabia y tristeza.
De niño ya sentí pronto que el ambiente y la energía existen de verdad - que un espacio puede hacerte algo, incluso antes de que puedas explicarlo. Esa sensibilidad no se convirtió después en una carga, sino en una brújula. Me ha ayudado a mirar con más honestidad: ¿qué es mío, qué es del entorno y qué pide ser restaurado?